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ELSA CROSS: ENTRE EL CANTO Y LA CONCIENCIA
Gustavo Santillán
Entre la literatura y la filosofía, entre la escritura y la docencia,
Elsa Cross ha escrito una poesía que nos remite ante todo a un estado de
conciencia: los sentidos no sólo contemplan sino que construyen tanto nuestro
mundo exterior como nuestro universo íntimo. El poema, que es siempre lenguaje,
es siempre magia: no retrata: transfigura: no expresa: es en sí mismo una
experiencia.
En la antigüedad griega la poesía y la filosofía
estaban unidas. Grandes autores expresaron distintos pensamientos en largos
poemas de líneas abstractas. Con el tiempo, la filosofía se expresó a través de
otras formas y la poesía experimentó nuevos caminos. Sin pretender retornar al
pasado, la poesía de Elsa Cross parecería una poesía filosófica, si no fuera
porque en el fondo toda poesía es en sí misma filosófica no porque contenga
bellos, sino porque ofrece nuevos sentidos y nuevas percepciones sobre el mundo
y el lenguaje.
Los poemas de Elsa Cross son generalmente de corta
extensión y verso libre, de ritmo verbal pero sobre todo de ritmo intelectual.
Ofrecen la perspectiva no de una plenitud dichosa sino de una dolorosa
plenitud, donde el amor es más reflexión que romanticismo y menos aventura que
encuentro. Transmiten la sensación de inmovilidad; también, de una mirada
contemplando quietamente el vértigo de las pasiones y los pensamientos. Ajena al tiempo, su poesía no tiene un
momento propio del día: pertenece a un instante de reposo donde la luz y la
oscuridad son discretos matices del paisaje verbal de la conciencia. Su intimidad es sobre todo una exploración de
su interioridad: remite no tanto a dramas como a preguntas. Los poemas son,
precisamente, tentativas de respuestas a tales interrogaciones. No se trata del
sentido de la vida o de la explicación del mundo, sino de respuestas
provisionales a preguntas permanentes. Por esta causa, afortunadamente, su
poesía no ofrece verdades sino visiones.
Amante de
la filosofía y profesora universitaria, mujer discreta y poeta reconocida, Elsa
Cross ha sido una presencia constante en la vida literaria de nuestro país en
las últimas décadas. A juzgar por sus publicaciones en libros y revistas,
escribe no de forma episódica sino de manera permanente. La poesía es parte de
la respiración básica de nuestra autora. Ha preferido sin excusa ni
experimentación el verso libre de corta extensión. En este sentido, sus poemas
son más un momento verbal que una construcción intelectual. Los versos ofrecen no tanto un panorama o un
paisaje como una inquietud y una interrogación. Son obras abiertas: las
interpretaciones del lector son las posibilidades del poema. No son unívocos;
menos aún, lineales. Sus palabras apelan no tanto a imaginación como a nuestra
reflexión. No es una poeta interesada en la imitación de la naturaleza. Cercana
a la filosofía hindú, sus poemas son espirales donde verbos y adjetivos aspiran
a donde los adjetivos y los verbos no llegan: a expresar la plenitud que es
siempre vacío.
La lectura de sus versos proporciona la sensación de
enfrentarse no tanto a afirmaciones rotundas o a negaciones contundentes, sino
a interrogaciones imborrables. Cross no es una autora de muchos temas. La
mayoría de sus poemas giran alrededor de algunas obsesiones: destaca sobre todo
el tema amoroso. Pero no se trata de un
amor donde el deseo y la pasión construyen éxtasis o decepciones. Es un amor
sereno donde los cuerpos son ante todo presencias antes que amantes. No es una
poeta de índole sexual: no aparece el furor de la carne o la transparencia del
erotismo. Es un amor donde el elemento central es el diálogo. Subrayo: el
diálogo con el otro que es siempre uno mismo.
La poesía de Cross experimenta no tanto una evolución
como un perfeccionamiento en sus medios expresivos y un ahondamiento en sus
temas centrales. Cada poema es una variación de ese poema único que es su
poesía entera. Alusiones a la mitología
tanto griega como hindú aparecen en sus versos. Pero sobre todo su poesía se construye
a partir de espirales de alusiones: sus versos son acercamientos a las
realidades verbales que los mismos versos construyen. Es una obra vivida y
pensada, donde el ritmo es indistinguible de la reflexión.
No es común la primera persona en la obra de Cross. Sus poemas no son
soliloquios sino diálogos en ocasiones con personas y siempre con las palabras.
Privilegia las imágenes a las metáforas. En este sentido, la obra de Cross es
una conversación más cercana al silencio que a la elocuencia. Se ubica entre el
verbo y el verso, entre la palabra y el lenguaje. Situada a la misma distancia
del canto que de la conciencia, su obra es una lenta pero permanente
construcción de interrogaciones dentro de un mundo donde priva por un lado el
escepticismo y por el otro el monólogo. Cada día es más difícil tanto conversar
como convivir. Entre el silencio asfixiante y el ruido ensordecedor, entre la
palabra que quiere ser dogma y el dogma que se presume como verdad aparece
siempre la poesía: una presencia discreta pero poderosa en la vida y la conciencia.
Nos recuerda que al mismo tiempo somos palabras y somos personas: cada uno es
tanto una versión del hombre como una visión sobre la humanidad. Somos
individuos, pero ante todo somos partes de un todo que quizá nunca
comprendamos, pero que a través de la poesía intuimos.
ensayo × espacio crítico × poesía
El hombre poético
Alberto Ortiz
Si acaso el poeta tradicional en su rol de hombre está
clasificado más bien como "irresoluto y tímido", amante apasionado
del silencio, la soledad y el recogimiento espiritual y físico; toda esta probable
vida contemplativa se fuga desbordada en la lírica, en donde conocemos un poeta
pródigo, apasionado, expresivo y poco o nada hermético para explicárnoslo en la
contemporaneidad, cuando resalta su tendencia a la frase plena de sentido y
plena de delicadeza. La expresividad sutil se allega al ensueño, se vuelve
cotidianeidad lírica, suprime el hosco destino incierto por la esperanza
amante.
La pasión de la palabra, el amor
terreno, puede en la poesía reivindicarse ante entidades superiores, ante la
fe, ante su destino extraviado. La poesía salva.
El ser lírico se ve elevado por su
expresividad sensorial, siempre mediante la mediación de los sentidos y la
poesía, al autor y al lector hacia un estado de sublime acercamiento etéreo con
el éxtasis del arte, elevado, casi inaccesible, diáfano; una experiencia bien
considerada como divina, puesto que la creatividad introduce al enajenamiento
de lo terrenal, hasta que los sentidos, primero arma para ubicarse, quedan
superados por la mentalidad y el estado de inspiración.
La sincronía del poeta con los
procesos interiores imaginativos y fantásticos, mediante la poesía, llega a ser
verdaderamente enajenante, los sueños aparecen conjuntados en la extensión del
simbolismo de la palabra. El poeta labra los poemas, organiza el sentido para
conducirse sin desvíos hacia sus pretensiones celestiales, es el típico poeta
doloroso, introvertido, inquieto en el conocimiento y hasta "extraño"
para sus congéneres:
El escritor de poemas reconoce en su
labor la importancia de hacerse escudriñar en cada línea, en cada símbolo, en
cada alegoría, se desnuda ante el conocimiento o el escarnio de las
confusiones; ya antes aceptó la fatalidad de la palabra, un poema es una
extensión de su ser por medio de la cual se le puede reconocer y reconstruir, a
él y al género humano.
Es evidente que el poeta necesita
absorber del orbe real sus posibilidades de expresión. La fuente de la
inspiración para las palabras del poema está en el código lingüístico que el
escritor ya tiene y procura acrecentar. El material temático proviene de su
propia experiencia en tanto ser. El mundo real transita en la metamorfosis
poética hasta convertirse en la palabra que canta en el poema. Es decir, tres
cosmos (por lo menos) convergen en la pasión creadora: el mundo real traducido
por el poeta, el mundo de las palabras cuyo enlace significativo anuda al
hombre y a su realidad interpretada, y el propio proceso erótico – creativo que
opera en toda creación literaria.
Precisamente el mundo de las cosas
interactivas a través de la mano del hombre sólo es posible de plasmarse en el
poema si los sentidos participan como guías de la pasión. El poeta siente,
indudablemente, es un receptor del medio ambiente que lo rodea, toma algunas
experiencias bajo su responsabilidad, observa otras, critica otras más, el poeta
es un estar en el universo real a través de la creación. El poema regresará a
ese universo que lo origina y lo hará mejor.
Las palabras en el poema son siempre
nuevas, siendo comunes. El uso que del lenguaje hace el escritor, no es el uso del hombre común y lo
es en otros sentidos. Lo es cuando el hombre común deviene en poesía porque su
vida ha sido tocada por la creación y porque tiene momentos de acercamiento
natural al firmamento y al soplo divino que lo creó. Y no lo es porque en el
poeta florece un prefabricante de sentidos, un intencionado leño ardiendo, un
hombre antes común que presta sus sentidos para el trabajo de su inteligencia;
por ende se echa a cuestas la tarea de enlazar al hombre con sus explicaciones
y los significados emanados de su lenguaje.
Armado de las palabras, el poeta de
verdad asienta su creación entre la divinidad y la muerte. Entre su ser erótico
y su fatalidad. Entre su yo y su nosotros. Es un proceso de sensaciones, pero
también de trasgresiones a las mismas, pues la sensación tiene un límite y un
control que opera bajo el canon de la creación literaria, la propia estética
del poema y los conocimientos del escritor. Lo que resulta es una palabra nueva
dicha una vez y para siempre. El poema se viste de sueño erótico y trasciende
la voluntad y el espíritu hasta acercarse a los cielos de lo perfecto. La
canción del hombre imperecedero.
El tono de la melodía en la poesía se
devela en su máxima expresión en sus canciones derivadas de referencias
singulares y acertadas, de las relaciones que aluden a las sensaciones, de aliteraciones y dualidades y de mensajes
sugeridos, escondidos e insinuados. El ritmo logrado supera la canción común,
nada entre los cauces de la suave dulzura lírica, el sentimiento humano y el
doctrinal nexo divino.
El poeta tiende a los extremos y a la
infinita dualidad, parte del sino del creador: ser opaco y brillar con fuego
intenso, como faro que atrae a las embarcaciones, es también una doble vía que
desdeña y usa de lo sensitivo para escribir poesía dualista: pasión y
eternidad. Mediante los recursos literarios ansía el éxtasis espiritual, los
versos sugieren la vital y única entrega humana, parangón del manifiesto amor verdadero y puro.
La eroticidad es el vehículo para
acceder a los estadios de superación inconsciente divinal, disponen, preparan,
inician a los sentidos para sublimarse hasta ser eliminados y suplantados por
la experiencia de la ensoñación mística. La poesía, esencialmente erótica de
inicio, ha escondido, para liberar después, el influjo y la intención
reveladora de un contacto con un universo energético más allá de la
sensibilidad común del autor, que se deja arrastrar materialmente al deseo
incontrolable de tocar las entidades superiores.
El poeta logra invaluables méritos al
partir, en el génesis de sus poemas, de una armonía natural, inefable. Directo
y puro, hace incidir sus frases en los sentimientos comunes de cualquier
hombre, de ahí que lleve una carga de significados inamovibles, universales e
interesantes para todo tipo de lector.
Está claro que el poeta pretende
primero que nada llegar a despertar la sensibilidad de los demás, mediante una
expresividad pasional que conmueva los sentimientos. Es el mejor camino para
luego expresar un simbolismo superior, donde el lirismo lleve a los estadios de
sumisión espiritual de los sentidos y la conciencia.
Ante una lectura profana, no es oculta
la recurrencia simbólica que subyace metafóricamente transformada en la
plenitud del lenguaje, la fogosidad estética y la conjunción corporal e idealizante:
máximos símbolos y máximas aspiraciones terrenas y celestiales entre el idílico
contacto hombre-dios. Es el siguiente nivel de interpretación y de
comprensibilidad de la poesía, cuando la realidad artística de los poemas, para
una mentalidad menos aprehensiva y temerosa de cismas, se impone sobremanera y
se distingue por belleza, contenido y talento.
El símbolo, lo intuitivo del
sentimiento amoroso, llevado al estado de máximo aprecio y vínculo-comunión
entre la fuerza creadora del universo y el microcosmos que a su influjo se
engrandece y se difiere en la lírica, representan los avances en el tiempo para
la poesía, su permanencia como única y su trascendencia personal.
El poeta desdobla el lenguaje, lo
carga de dobles y triples sentidos, y cuando el lenguaje ha dicho su verdad, él
está presto para impulsarse en su magia inspiradora, está preparado para romper
los lazos sensoriales que primero había tendido.
Atando cabos, el poeta nunca deja de
ser hombre, nunca se eleva lo suficiente en sus éxtasis poético-místicos como
para dejar una oquedad ininteligible como creación en lugar de la vivencia
exquisita de expresiones eróticas que nos lega. Tiene que partir de su
condicionante de simple mortal y mantener sus armas del aquí y el ahora si
pretende congraciarse a los ojos divinos; su finalidad, si es factible, la
logrará en tanto reconozca en los actos humanos la presencia de un camino de
verdadera infinitud, en la ilimitada finitud de la raza humana.
Es entonces un ser dual, domina ambos
mundos, su mundo, su eros, su realidad sensorial y su universo de creación. Es
frecuente que el literato conozca, y en este sentido domine, mejor el mundo de
la creación trascendental, su mundo inventado, su cosmos creado a imagen y
semejanza de una realidad imposible pero verosímil; reconociéndose algo torpe y
ajeno en el mundo de la realidad.
La vida en el universo creado, en el
cual el hombre lírico camina sobre sus propios cantos y por medio de cierta
inocencia primitiva, es un intento por equiparar la inspiración literaria con
la nominación creadora de las cosas. Una parte de sí mismo rompe los esquemas
de la realidad vulgar y se acerca a las dimensiones en donde mora la infinitud,
la gracia y la divinidad. El poeta – dios, está imbuido de la epifanía, pero
sus herramientas mortales lo atan irremisiblemente, a veces lastimosamente, al
mundo cosificado. La luz del momento místico es la poesía que nazca de tal
situación de conflicto. La carne, el deseo, la pasión, llama al origen y se
enlaza con el proceso cosmogónico.
Algo hay de la mano divina en cada
poema. Parece no pertenecer más a la mortalidad prosaica del ser humano, parece
que ha sido inficionado por el aliento divino porque es una creación que rompe
el lazo del hombre con la muerte, siempre a través de su existencia erótica. Es
el eterno segundo de introspección mística.
No es extraño que se considere a la
poesía como una extensión de la voluntad divina y no como total visión
individual, en el primer caso concediendo el trabajo del poeta pero inspirada
por dios, en el segundo un simple reconocimiento de que el lugar y la esencia
"de elevación" de la humanidad no están perdidos del todo. El poeta
tiene que partir de este supuesto y además creerlo a pie juntillas para
intentar restablecer el nexo entre él y su creador mediante la fatalidad de la
escritura, de la bella escritura.
Una vez más, nos encontramos de frente
con los factores caracterizadores y las fuentes mejor aceptadas como la
herencia de la poesía. Dónde termina el poeta y dónde principia el místico es una
de las cuestiones que en el análisis no tiene cabida, son uno y constante,
podemos leerlo como un paradigma, sí, pero una lectura avanzada nos da cuenta
de los frutos de la lírica, de sus inmensas bondades en la adaptabilidad, de
servir para unir lo grande con lo pequeño, lo fugaz con lo eterno, la música
del verso con el éxtasis contemplativo de las religiones.
Una realización del hombre es imponer
el egoísmo, su imagen, el modo de pensar que lo designa como único, la obra
viva frente a los proyectos inertes, el "súper ego", la superlativa
impostura que arrasa y que convence, la fuerza de la violencia, el ejercicio
cínico pero disfrazado del poder, el dominio por el miedo, efectivo y callado,
la primera idea del dios y su elegido, la fe, o simplemente el genio. Otra vía
de realización consiste en la trascendencia: el invento liberador del peso
físico, el sueño de la lucha insurgente e insurrecta por la libertad, el
cambio, el engaño, la nada, el acto trasgresor megalomaníaco, la participación
en el absurdo, luego visto coherente, el alivio a la humanidad, el trabajo
fecundo y creador, y por supuesto: la inspiración literaria, el sueño de las
significaciones.
El poeta que conocemos es un ente vivo
en el mundo y en la poesía. A veces olvidamos que también es sensibilidad,
órganos, huesos y erotismo, tanto como el que ahora se ostenta mediante otros
lenguajes con mayor liberalidad y hasta derroche. Él hace del trabajo esforzado
en poesía su manera de trascender y trascenderse, busca a cualquier precio su
unión con la eternidad, usa y abusa de sus sentidos para ello, a fin de cuentas
regresa a la unidad primera: un poeta hombre. La unidad básica de cualquier ser
no escindido, no enajenado, paradójicamente en su propio acercamiento logra la
aproximación anhelada y mística con la divinidad. Todo esto en vida.
Si por sentido común observamos en la
voluntad y los actos profanos del hombre mucho del sentido del erotismo, y
otorgamos a la meditación en la fe y a la raíz religiosa del hombre la apertura
a la inclinación mística; podemos ver en el poeta a la unidad de ambas
posturas, conociendo su vida y obra se vislumbra con facilidad la conjunción de
ideas creativas y la práctica humano-erótica-trascendental. El efectivo
reconocimiento de sí mismo y de sus pretensiones, coordinando cuerpo y mente,
le permite logros de expresión poética que prevalecen a pesar de su muerte, son
casi eternos.
El hombre poético revitaliza las
pulsiones, se yergue como amo de la pasión, muestra el mundo del más allá
gracias a su sensibilidad del mundo próximo que lo prepara alertando sus
sentidos. El hedonismo tiene ahora una verdadera dirección filosófica. El
sujeto libera la pulsión sexual y carnal a través de la poesía, ésta obtiene
una graduación impensable que compensa su animalidad.
El poeta nace entre el erotismo y su
búsqueda creativa, inicia un proceso que
lo aproxima a la muerte, a la divinidad, a los estadios místicos, pero que sólo
es posible a través de la agudeza de los sentidos y el tránsito inteligente por
el poema.
El cuerpo trasciende, la renuncia se
convierte en una propiedad, la prohibición puede sostener ahora su sentido en
la palabra y la creación tiene una mano que escribe, un corazón que siente su
propio lenguaje y un significado poético.
Alberto Ortiz. Zacatecas. Escribe poesía desde los diez años, estudió didáctica y literatura, se doctoró con una tesis que analiza las ideas contra las supersticiones en textos literarios y doctrinales. Trabaja como docente investigador adscrito al Doctorado de Artes y Humanidades de la UAZ. En el desempeño didáctico ha recorrido casi todos los niveles de enseñanza.
crónica × ensayo × espacio crítico
Sevilla, España, Septiembre, 2005.
MEXICANOS AL GRITO POST PARTUM
Valentina González
había presenciado los primeros y escasos ruidos del despertar del
sábado, un sábado de puente por el Día de todos los Santos (Esp) o
Día de los Muertos (Mex) el lunes siguiente...
Mi vecina del piso de arriba, como de costumbre me acompañaba con su
piano de aprendiz tocando las melodías que ya me conocía de memoria,
para interrumpir como también era costumbre de los fines de semana
con una intensa y magistral sesión amorosa entre ella y el soldado
desconocido.
Por lo que se escuchaba, en eso sí tenía experiencia y sus gemidos
eran los más maravillosos y placenteros que jamás hubiera escuchado.
Mi madre que acababa de estar de visita me había traido por encargo
junto con otros, el Laberinto de la Soledad de Paz para releerlo ya
que me encontraba elaborando uno de mis tantos discernimientos
filosófico sociales sobre la identidad mexicana, inevitablemente
exaltada en la distancia del exilio voluntario en la misma región de
donde las carabelas fueran y vinieran de las Américas.
Cuando el piano se interrumpió y los cantos extasiados le
sucedieron, comenzaba el capítulo número cuatro (no numerado) Los
hijos de la Malinche donde Paz entre datos históricos, anecdóticos y
poéticos describía entre otros, los tantos matices y significados de
la palabra Chingar....
Al mismo tiempo, y hasta mi cama, llegaban los también habituales y
conyugales ritos violentos de mis vecinos de al lado.
Pasé de penetrar, rajar, follar, a molestar, joder,Chingar...
En un instante, las dos definiciones que sustentan en gran parte no
sólo a la palabra que en sí misma ya poco quiere decir, sino al
psique propio de nuestra cultura, se sublimaron en sonido suround.
Las letras se convertían en audiolibro, haciéndome sonreír así como
temer ante mi propia naturaleza, la nuestra que viene quizá del
azteca xinaxtli o xinachtli segun la bibliografía de Paz (Anarquía
del lenguaje en la América Española de Darío Rubio) .
Pero también como es obvio, en realidad describe la naturaleza
humanamente animal, una que se exacerba o matiza según nuestra
Historia y las posibilidades que tenemos para enfrentarla y
conocerla o para evadirla y olvidarla o el qué se hace con ella para
enfrentar un presente que se eleva o se hunde en pos de la
consciencia o la apatía.
Entre lo que puedo ver hoy y lo que leo y releo de antes, en el fondo
poco han cambiado las cosas y sinembargo en la superficie solo se
han vuelto mas perversas, terribles e incomprensiblemente vulgares,
olvidando que en el verdadero fondo del todo, existe todavia un pozo
de luz.
Hijos todos de Cortés, La Malinche o la Chingada, lejos o cerca del
perimetro en post partum, al final es problema de cada uno y en cada
uno el siempre latente y potencial milagro.
Valentina Gonzalez.
arte × ensayo × espacio crítico
De lo
territorial en el arte
Carlos Adolfo
Gutiérrez Vidal
El presente trabajo pretende ser un primer
acercamiento a la relación entre las artes visuales y el contexto geográfico,
haciendo especial énfasis en aquellas transformaciones clave para la
comprensión del arte contemporáneo dentro de la llamada sociedad de
información. Si bien no asistimos a la mundialización de imaginarios
culturales, por lo menos sí de sus redes de intercambio. Y es que en el
contexto de las nuevas tecnologías de información, las posturas críticas
respecto a una supuesta influencia homologadora en la construcción de discursos
visuales, pueden servirnos para hacer planteamientos particulares sobre las
correspondencias entre los modelos económicos globales y algunas tendencias
estéticas precisas. Bernard Cornu define este contexto:
L’expression <<societé de
l’information>> comme celle de <<societé industrielle>>,
recouvre tout á la fois des innovations techniques, des contenus, des pratiques
et des programmes d’action publique et privée. Dans <<la societé de
l’information>>, on Pert repérer une double imposition: celle des
techniques médiatiques qui enserrent toutes nos activités dans un réseau de
plus en plus dense; celle de l’économie de l’immatériel oú la connaissance est avant
tout facteur d’efficacité et de performance. (Cornu, 2005, 9)
En el caso concreto de las artes visuales,
asistimos a un periodo de franca interdependencia con respecto a otros ámbitos
de lo social. Por un lado la cultura se institucionaliza a través de mecanismos
de promoción y control estatales, pero también se regula para proyectarse fuera
de los límites geográficos, al tiempo que los procesos creativos incorporan
cada vez más el uso de nuevas tecnologías y la transmisión de datos. Tal pareciera
que el arte de las sociedades de información fuera el arte de la documentación
y la transmisión en tiempo real. Lo que se filtra de tal circunstancia es un
sentimiento, en algunos casos de temor y en otros de simpatía, por la
“desterritorialización” de las artes y el desplazamiento de su sentido.
Para Tom Sherman:
There is a lot of anxiety today about
information overload, corporate control of the news, and commercial propaganda
flooding the expanding global technological infraestructure. People seem to
feel they are coping, but they fear being overwhelmed in the near future as
networks increase their saturation of mediated images, sounds, stories – a
plethora of calculated manipulations.
The information
bomb exploded in the early 1990’s, when computer networks attained a critical
speed and scale, flipping the gates wide open to unleash a torrent of blinding,
deafening code – a thunderous explosion of advertising, entertainment, voice,
and data. Now, we must negotiate continuous, relentless input. We have become
the organic components of an integrated global data and information system.
(Sherman, 2002, 2)
En ese sentido, la pregunta fundamental
sería cómo se construye el sentido de territorialidad en las artes. No se trata
ya de hablar de la industrialización de la cultura (Adorno, Horkheimer, 1985),
ni de la “disneyficación” de la actividad humana planteada por Baudrillard
(1996). Y es que las condiciones del arte actual sobrepasan cualquier enfoque
discursivo, lo mismo que el análisis simple de las relaciones entre la
tecnología y las formas. Si bien hay que distinguir entre el arte como parte de
la producción cultural singularizada y aquello que propiamente constituye el
mercado del arte, lo que podemos observar es una compleja red de estratificaciones
y jerarquías de valor. Se trata de un modelo de interconexiones que en muchos
sentidos ha venido a marcar la pauta de lo que llamamos economía del
conocimiento.
Aunque durante el siglo veinte hubo una
serie de modificaciones en cuanto a formatos, materiales, temáticas, así como
respecto a la cantidad de imágenes producidas (tal vez los aspectos más
visibles en el desarrollo del campo de las artes), han ocurrido
transformaciones de orden mayor cuyas implicaciones se describen como sigue:
1. Autonomía campal.
Si bien se trata de una construcción filosófica y discursiva, su importancia
relativa es importante en términos de las prácticas sociales específicas. La
libertad creativa de los artistas durante los siglos XIX y XX no tiene
precedentes dentro de la historia del arte, incluso la relación entre el
proceso creativo y otros ámbitos de las humanidades y las ciencias queda a
discreción de los propios autores (Cfr. Foucault, 1977). La noción de
territorio se subjetiviza a favor de la universalidad de la obra.
2. Relevancia de lo cognitivo sobre lo
representacional. Una consecuencia directa de la
autonomía social del arte que se manifestó durante todo el siglo XX; el artista
se ve obligado a construir un discurso propio y a desarrollar formas estéticas
que apunten hacia la formación de nuevas maneras de percibir la realidad (Cfr.
Richards, 1996). Incluso aquellos movimientos artísticos establecidos como
política de estado, como el realismo socialista y el muralismo mexicano,
tienden a la transformación de la conciencia de quien observa. La actividad
artística consolida su universalidad pero se hace presente el debate sobre la
identidad.
3. Surgimiento de “la caja blanca”
(estandarización de la exhibición y resguardo).
Cuando el afán clasificatorio del siglo XIX se cruzó con el desarrollo
económico del siglo XX, las galerías y museos dejaron de operar a partir de un
principio de acumulación y se convirtieron en “cajas blancas”, espacios limpios
y libres de elementos arquitectónicos a fin de propiciar el diálogo entre la
obra y el espectador (Cfr. Fitzpatrick, 2004). Paulatinamente las “cajas
blancas” se transformaron en espacios de exhibición. En términos más
contemporáneos, las galerías privadas son consideradas puntos de venta, y la
resonancia cognoscitiva de su estructura dialógica, ha influenciado
recientemente otras esferas del comercio, de modo tal que el concepto de
galería se vincula directamente en la actualidad con el consumo especializado.
4. Legislación sobre derechos
autorales. Se trata de una invención reciente en términos
históricos, y representa un parte aguas jurídico en el desarrollo futuro de las
economías del conocimiento. El concepto de propiedad intelectual protege las
ideas, las soluciones innovadores, las formas estéticas y el uso de lenguajes y
recursos técnicos. Se trata de un tipo de legislación que si bien protege
contenidos, propicia una mayor apertura de los mercados simbólicos al
posibilitar su intercambio de manera más extendida, toda vez que permite
generar utilidades más allá del mero intercambio material, como en el caso de
las patentes y franquicias.
5. Consolidación de las grandes
colecciones estatales y surgimiento de las colecciones corporativas.
Un asunto que podría considerarse dicotómico, en tanto abarca cierto proteccionismo
y conservación de las identidades, en el caso de las colecciones estatales, y
la compra venta de obras de arte como inversión dentro del mercado de valores,
en el caso de los fideicomisos privados.
6. Mundialización del mercado del
arte. Como consecuencia del punto anterior, el mercado se
consolidó desde el principio a escala mundial, gracias a los coleccionistas
privados, pero principalmente a través de los acervos de los grandes museos, lo
que supone una intricada red de curadores, críticos, valuadores, vendedores y
conservadores que trabajan de manera conjunta para el estudio, intercambio,
exhibición y documentación de obras específicas. Hoy por hoy, realizar una
exposición a gran escala implica una serie de recursos legales, seguros de
obra, contratos de préstamo, renta o resguardo, traslado, importación y
exportación.
7. “Desmaterialización” de la obra
(desarrollo de formas no objetuales). De manera paralela a
la consolidación de los grandes mercados del arte, ha surgido la tendencia a
crear obras no objetuales o incluso efímeras. Desde el momento en que apareció
la primera obra de arte documental, se hizo inminente la necesidad de ir
incorporando nuevos recursos tecnológicos para su exhibición y resguardo. En el
caso de las obras de instalación o intervención en sitios específicos, la
producción y documentación está supeditada a una serie de permisos legales y
planes de financiamiento que en la mayoría de los casos trascienden las
fronteras nacionales. Un ejemplo de esto sería el trabajo de la artista francesa
Orlan (Orlan, 1996), cuyo trabajo consiste en realizar una serie de cirugías
plásticas en su rostro en distintas partes del mundo, lo que requiere de
permisos especiales y el uso de un pasaporte diplomático que le permita cruzar
por los puertos aéreos sin que el cambio constante en sus facciones represente
algún impedimento. Muchas de las obras de arte más contemporáneas implican
también el manejo de bases de datos, proyecciones, documentos, transmisiones de
información específica vía satélite o internet, hologramas, software y
streaming media, lo que supone la trascendencia de los espacios tradicionales
(el museo o la galería) y la integración cada vez mayor de los artistas y
curadores a las principales redes de transmisión de datos.
8. “Dictadura” del curador.
Con el advenimiento de las grandes bienales del arte global (Venecia, Sao
Paulo, Berlín), la figura del curador ha adquirido especial importancia. En la
mayoría de los casos se trata de muestras conceptuales que requieren de una
serie de trabajos de investigación previos a la exhibición o incluso la
creación de las obras de arte. De modo que en muchos de los casos, es el
curador quien decide no sólo lo que se expone, sino lo que se produce. El
trabajo por encargo, que caracterizó al arte del Renacimiento, se ha
actualizado en nuestros días a través de esta dinámica. Ahora es común que
curadores provenientes de distintas partes del mundo trabajen en conjunto para
determinar las características de una exhibición, ya sea por medio de
residencias temporales o haciendo uso de la comunicación a distancia.
9. Establecimiento de franquicias.
De manera más reciente, museos y fundaciones han comenzado a establecer
franquicias en otros países, ya sea colaborando en la creación de nueva
infraestructura para sus colecciones, o aportando recursos y capital humano y
financiero. Ejemplos de esto serían Museos como el Guggenheim, el MOMA y el
Thissen-Bornemiza, o fundaciones como la Rockefeller, La Caixa y Telefónica, o
instituciones de índole eminentemente nacional como el Instituto Goethe, el
British Council y la Alianza Francesa.
Las tendencias más contemporáneas como el
net-art y el conceptualismo establecen un distanciamiento con respecto a las
formas más tradicionales, en el sentido en que actualizan dinámicas
comunicativas que profundizan en el sentido de la técnica como un proceso capaz
de propiciar emergencias en terreno de lo perceptivo y lo cognitivo. Si bien
hay que distinguir las características del campo en función de sus aspectos
fundamentales, el proceso de creación de las obras y aquellos inherentes a su
intercambio, no podemos hablar de políticas globales, pero sí de una movilidad
especulativa que opera en términos prácticos.
Para Tom Sherman:
Navigation is not just the
utility of moving users efficiently and effectively through content; it follows
conventions and carries cultural associations as a process. Aesthetics are the
glue between form, process, and content. Nuances and subtle twists and turns
acumúlate into real substance. Analogies and metaphors are constantly being
created in the process of information exchange. (Sherman, 2002, 36)
En efecto, la cuestión estética ha
trascendido el campo de las artes para convertirse en un elemento clave para la
producción objetiva de bienes y servicios en el marco de las economías del
conocimiento. Las técnicas obedecen a una reinvención continua, lo mismo que
los soportes y la constitución de los discursos, pero el carácter objetual de
las obras, así como su distribución, atienden principalmente a cuestiones del
mercado. Y aunque no podemos hablar de los circuitos de galerías privadas y
casas de subastas como una prolongación del sector detallista o incluso de
servicios, debemos atender a ellas como una suerte de caracterización sui
generis del sistema de mercado; en tanto por la profesionalización de sus
dinámicas organizativas, como por su capacidad de asimilación y estandarización
de sus procesos internos y comunicaciones a escala global.
Es justamente la noción de proceso lo que
más está impactando la creación artística contemporánea, lo mismo que el
establecimiento de canales para su distribución y consumo. Al explicar las
bases que fundamentaron el proyecto inSITE2000, que implicó una serie de
residencias y foros interdisciplinares no directamente vinculados con las
artes, Carmen Cuenca y Michael Krichman señalan lo siguiente:
Al tomar a la ciudad como
laboratorio, inSITE2000 cuestionará los conceptos que han orientado las
versiones anteriores de inSITE, así como exposiciones internacionales
similares, entre ellos lo que es una obra in situ, la interacción con la
comunidad, la práctica artística y el espacio público.
En el modelo de
laboratorio, lo importante es el proceso, no el objeto. El papel del público
cambia de ser espectador a convertirse en un co-investigador. Las
instituciones, que dejan de ser simples espacios para exposición, también se
convierten en co-laboratorios. Más que simplemente ingresar al espacio urbano,
las obras de los artistas lo transforman.
¿Si las ciudades son
laboratorios, si los artistas son laboratoristas, y si el público le infunde
energía a los nuevos significados culturales, cómo le darán visibilidad estas
imaginaciones al paisaje urbano? ¿Cómo será transformado el conocimiento de la
ciudad? (Cuenca, 2000, 59)
Ciertamente uno de los aspectos más
importantes en el desarrollo del arte contemporáneo es la manera en que se
construyen nuevos sentidos de comunidad y temporalidad. Toda obra de arte está
revestida de consideraciones espacio temporales, pero al ingresar a los
sistemas de mercado, su temporalidad, así como su localización visible, cambia
en función de su desplazamiento geográfico y las dinámicas de valoración
correspondientes.
Un ejemplo de esta situación lo constituye
Ghosts Are Everywhere, el proyecto
más reciente de los artistas norteamericanos Katie Herzog y Marc LeBlanc. Localizados
en una zona rural del norte de California (San Ardo, al norte de San Luis
Obispo), han comenzado a trabajar en una suerte de galería nómada cuya finalidad
primordial es ofrecer obras de arte accesibles a públicos mayores que aquellos
vinculados con los sectores más tradicionales del mercado. Lo interesante del
proyecto va más allá de su propuesta obvia, y tiene que ver precisamente con el
hecho de considerarse, al mismo tiempo, una empresa curatorial y dentro del
sector “retail”, pero sobre todo en el concepto de su localización. Para Dodge
y Kitchin:
In traditional conceptios of
community, place is considered of importante alongside factors like common ties
and social interaction. The community,
however, is characterised by Duch factors as personal intimacy, moral
commintment and social cohesión. Luke (1993) argues that territorial
communities are now little more than geographically-defined and administered
land units which consist of atomised individuals who share little common
historical consciousness or beliefs. (Dodge, 2000, 35)
San Ardo podrá ser una zona rural, pero
está ubicada dentro de uno de los polos de mayor desarrollo para la economía del
conocimiento. Esta localización estratégica, conectada a los grandes centros
urbanos de la costa oeste de Norteamérica, implica también una integración
tácita a las principales redes de información y transmisión de datos. La idea
de una “tienda” on-line, dedicada exclusivamente a la distribución al menudeo
de piezas de arte dirigidas a un público mayor, con menor poder adquisitivo que
el tradicional; refuerza no sólo las tendencias económicas globales, sino que
apunta hacia la construcción de una nueva espacio temporalidad de la obra (vía el
consumo especializado fuera de los circuitos tradicionales, pero integrado en
redes), lo mismo que al desarrollo de nuevas comunidades y formas de
organización.
Podemos concluir que ante el peso de las
industrias culturales y la validez epistemológica de la individualidad
creadora, estas organizaciones tienden a desarrollarse en un ámbito de tensión
entre la estética y el desarrollo tecnológico. Constituyen, por tanto, un tipo
distinto de espacio (llámese civil, público o privado) que media entre el
internacionalismo artístico y las dinámicas de las grandes esferas económicas. Al
transitar entre tres tipos diferentes de valor (simbólico, de uso y de cambio)
que representan tres formas distintas de abstracción, la visibilidad del
mercado del arte comienza a adquirir nuevas cualidades que bien merecen una
reflexión más atenta a fin de establecer variables específicas.
BIBLIOGRAFÍA
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10. SHERMAN, Tom, Before And Alter The I-Bomb: An Artist In
The Information Environment. The Banff Centre Press, Banff, 2002.
Carlos Adolfo Gutiérrez Vidal es maestro en Estudios y Proyectos Sociales. Ha publicado Sarcófagos (1993), Nortes (1994), Berlín 77 (2004) y Toros (2005). Es profesor de la Escuela de Arles de la Universidad Autónoma de Baja California.