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Por
Germán López Mora
"Y sin duda nuestro tiempo... prefiere la imagen a la cosa, la
copia al original, la representación a la realidad, la apariencia al ser... lo
que es 'sagrado' para él no es sino la ilusión, pero lo que es profano es la
verdad. Mejor aún: lo sagrado aumenta a sus ojos a medida que disminuye la
verdad y crece la ilusión, hasta el punto de que el colmo de la ilusión es
también para él el colmo de lo sagrado."
FEUERBACH, prefacio a la segunda edición
de La esencia del Cristianismo. (Epígrafe
al capítulo primero de La sociedad del
espectáculo)
El fenómeno periodístico en
el país se gesta puramente a raíz de luchas relacionadas con la adquisición de
poder. Desde un punto de vista político, la naturaleza del ser humano yace en
la necesidad de dominación. Y es por esta necesidad que, en un principio, las
publicaciones periódicas funcionaron como instrumento de propaganda o de
agitación en orden de luchas por la dominación, luchas que indudablemente contribuyeron
de manera notabilísima al desarrollo y perfeccionamiento de estos medios de
comunicación. Aquí también puede caber el la
guerra es la madre de todas las cosas heracliteano.
Eso era cuando aún existía algún foco de
resistencia importante, anterior o durante el siglo decimonónico, en el que aún
la técnica no se fortalecía del todo; en el que aún no se consolidaba con tanta
fuerza el libre mercado; en el que el poder sobre los media aún estaba por
disputarse. Como ejemplos claros y cercanos tenemos las innumerables
desapariciones de redactores de diarios de oposición (como de El Ahuizote y derivados) y
posteriormente, por métodos más legales, la
monopolización de la opinión pública de El
Imparcial durante el porfiriato. Esto apenas prepara el escenario para el
siglo XX en el que aparecen nuevos media (televisión,
internet, etcétera.) y se consolida un sistema económico; se perfecciona la
técnica y se lleva información en un cause tan vertiginoso como obsceno[1]
a cualquier parte del mundo. Walter Rathenau, un judío alemán comunista acusado
de tal y asesinado en 1922, ilustra la situación del hombre durante esas
agitadas décadas de principios de siglo:
En su estructura y mecánica
todas las grandes ciudades del mundo blanco son idénticas, Situadas en el
centro de una telaraña de vías, tienden sus petrificados hilos de carreteras
sobre el campo. Visibles e invisibles redes de tráfico rodado recorren y minan
los abismos de las carreteras y bombean dos veces al día cuerpos humanos desde
las extremidades al corazón. Una segunda, tercera, cuarta red reparte humedad,
calor y fuerza; un hato de nervios eléctricos transporta los aleteos del
espíritu…, paneles dotados de materiales flexibles, papel, madera, cuero,
tejidos, se ordenan en series reforzadas hacia el exterior con hierro, piedra,
cristal, cemento… Sólo en el casco viejo de las ciudades…se conservan aun
restos de singularidades fisonómicas como piezas de exposición casi muertas,
mientras que en los alrededores—es lo mismo si en dirección a las fábricas, a
las viviendas o las sepulturas—se extiende el campamento del mundo
internacional.[2]
Lo anterior en lo que se refiere al proceso
de la construcción de las ciudades como la forma más destacada de
almacenamiento de bienes en el mundo moderno. El tránsito de productos, dice,
es mínimo frente a los resultados petrificados de la producción. La humanidad
construye
casas, palacios y ciudades, construye fábricas y depósitos. Construye
carreteras, puentes, ferrocarriles, tranvías, barcos y canales, empresas de
suministro de agua, gas y centrales eléctricas, líneas telegráficas, líneas de
alta tensión y cables, máquinas e instalaciones de caldeo…
Las nuevas construcciones… podían alcanzar
[en un solo país] aproximadamente cada cinco años un valor que en esfuerzo
mecánico se equipara al valor de construcción de la Roma imperial. ¿Para que
sirven, pues, estas inauditas construcciones? En su mayor parte sirven
directamente a la producción. En parte sirven al transporte y comercio, es
decir, indirectamente a la producción; en parte, a la administración, a la
vivienda y a la sanidad, es decir, al arte, la técnica, a la enseñanza, al
descanso, es decir, indirectamente…también a la producción (p. 626)
Así, “…el hombre queda
reducido a material del proceso económico, a puro medio del Estado… (p. 625)”
Aunque ya no sólo al Estado sino, más que nada, al capital y las formas de
gobierno del mundo libre y democrático de la libre empresa.
Es notable la influencia marxista entre las
líneas de Rathenau, adjudicando todo el fenómeno moderno en orden de la
producción. Y considero que hasta cierto punto tiene razón. Pero, como critica
Baudrillard parafraseando a MacLuhan: “es tanto como decir que Marx, en su análisis materialista de la
producción, circunscribió un dominio reservado de las fuerzas productivas, del
que se encontraron excluidos el lenguaje, los signos y la comunicación: nunca
consideró el ferrocarril como médium,
como modo de comunicación: no entran en consideración, con toda la evolución
técnica en general, más que desde el punto de vista de la producción,
producción de base, material, infraestructural, única determinante de las
relaciones sociales[3]”.
Dicho de otra forma, el análisis marxista de la producción nunca tomó en cuenta
el valor que jugarían los signos en el seno de las sociedades y, por lo tanto,
en la teoría de la comunicación, la economía política marxista, resulta
prácticamente obsoleta. No podemos seguir jugando al modelo clásico de la
comunicación en la que un emisor transmite un mensaje por medio de un código
que el receptor decodifica y contesta cambiando al papel de emisor, cuando no
hay nadie a quién responderle, como sucede en los media actuales. Resumiendo,
las categorías de la economía política clásica no alcanzan a abarcar este fenómeno
de la posmodernidad.
Lo que caracteriza a los medios de
comunicación colectiva es que son antimediadores, intransitivos, que fabrican
la no comunicación, si se acepta definir la comunicación como un intercambio, como el espacio recíproco
de una palabra y de una respuesta,
por lo tanto de una responsabilidad,
y no una responsabilidad psicológica y moral, sino una correlación personal
entre el uno y el otro en el intercambio.[4]
Ahora, la estructura actual de los medios
se funda, según Baudrillard, sobre esta última definición: son lo que veda para
siempre la respuesta, la unilateralidad de la comunicación. Ésta es la
verdadera abstracción y es en ella donde se funda el sistema de control social
y poder: en que los media son el gran monopolio de la palabra, los verdaderos
herederos de la enciclopedia y el circo, los que propagan la mentira selectiva
y el conocimiento fragmentado, la información light; métodos de control mucho más efectivos que cualquier
mecanismo de censura.
Sigamos con Rathenau hablando sobre el
trabajo, el centro de la producción misma, para posteriormente salirnos de él y
hablar un poco sobre lo que Baudrillard llama la hiperrealidad y así, sugerir
el espíritu psicopolítico de la época:
El trabajo ya no es una
función de la vida, ya no es una adaptación del cuerpo y el alma a las fuerzas
naturales, sino que es mucho más, una función extraña al objetivo de la vida,
una adaptación del cuerpo y del alma al mecanismo…(pag. 67)
El espíritu, temblando aún por la agitación
del día, exige permanecer en movimiento y vivir una carrera de impresiones,
sólo que estas impresiones tienen que ser más ardientes y corrosivas que las
superadas…, surgen satisfacciones de tipo sensacional, brusco, banal, suntuoso,
falso y envenenado. Estas satisfacciones están cercanas a la desesperación (…)
El hombre, dentro de todo el mecanismo de maquinistas y máquinas al mismo
tiempo, ha entregado bajo una tensión y calentamiento crecientes su carga
enérgica al volante de la empresa del mundo (pag. 69)
¿Y a quién nos encontramos para saciar esa
sed de impresiones más ardientes y corrosivas que las del trabajo? En un
principio encontramos que la experiencia de conducir un auto coloca al sujeto
en la posición de soberano absoluto de su destino inmediato al conducir él
mismo. “No más fantasías de poder, velocidad y apropiación vinculadas al objeto
en sí, sino más bien una táctica de potencialidades vinculada al uso: dominio,
control y mando, una optimización del juego de posibilidades ofrecidas por el
coche como vector y vehículo, y ya no como objeto del santuario psicológico”[5].
Pero eso era a principios del siglo XX
Ahora
podemos concebir una etapa más allá de ésta, en la que el coche es todavía un
vehículo de representación, una etapa en la que se convierte en una red de
información, (Ibid.,189)(…) en la que
cada persona se ve ante los mandos de una máquina hipotética, aislada en una
posición de soberanía perfecta y remota, a una distancia infinita de su
universo de origen, lo cual es tanto como decir en la posición exacta de un
astronauta en su cápsula, en un estado de ingravidez que necesita un perpetuo
vuelo orbital y una velocidad suficiente para evitar que se estrelle contra su
planeta de origen.
Rathenau consideraba que un símbolo de la
observación de la naturaleza desnaturalizada es la caza de kilómetros del
automóvil por el hombre productor-consumista tras su máscara. Pero como vemos,
el fenómeno mediático después de la caída del muro, lo deja muy pero muy atrás.
Cuando Rathenau escribía sobre terrenos concretos (ciudades anteriormente
descritas) con cierta capacidad de trascendencia, aún tenían sentido. Hoy,
según Baudrillard, escenas y espejos (terrenos tangibles) han sido
efectivamente sustituidos por redes y pantallas: “En lugar de la trascendencia
reflexiva del espejo y la escena, hay una superficie no reflexiva, una
superficie inmanente desde donde se despliegan las operaciones, la suave
superficie operativa de la comunicación (p.188)” Y efectivamente, algo ha
cambiado: “con la imagen televisiva, ya que la televisión es el objeto definido
y perfecto de esta nueva era (la era narcisista y proteica de las conexiones,
contactos, contigüidad, zona interfacial generalizada que acompaña al universo
de la comunicación) nuestro propio cuerpo y todo el universo circundante se
convierten en una pantalla de control (p.188)”
Algún dramaturgo inglés del siglo XVI argumentaba
que los hombres siempre representábamos, en una escena concreta, los designios
de un divino autor cuya obra era muy pero muy jodida. Señor Shakespeare,
olvidémonos de su idea. “Éste es el tiempo de la miniaturización, el control
remoto y el microprocesado del tiempo, los cuerpos, los placeres (p.191)”; “la
capacidad de regularlo todo desde lejos, incluyendo el trabajo en casa y, desde
luego, el consumo, el juego, las relaciones sociales y el ocio (…) Aquí estamos
lejos de la sala de estar y cerca de la ciencia ficción (p.190)”. “Ya no es una
escena en la que se representa la interioridad dramática del sujeto, engranada
tanto con sus objetos como con su imagen (…) Ya no vivimos como dramaturgos,
sino como una terminal de múltiples redes (idem.)”.
En estas redes de la memoria infinitesimal
y la pantalla con que están equipadas, el cuerpo, el tiempo y el espacio, son disueltos
hasta volverse básicamente inútiles en su extensión.
El cuerpo, nuestro cuerpo, a
menudo se nos presenta como superfluo, inútil en la multiplicidad y complejidad
de sus órganos, sus tejidos y sus funciones, dado que hoy está todo concentrado
en el cerebro y en los códigos genéticos, que resumen solos la definición
operacional del ser. El campo, el inmenso campo geográfico, parece ser un
cuerpo desierto cuya extensión y dimensiones parecen arbitrarios (y que resulta
aburrido de cruzar si uno abandona los caminos principales), tan pronto como
todos los acontecimientos están compendiados en las ciudades, las cuales, a su
vez, sufren la reducción a unos pocos acontecimientos importantes
miniaturizados (pp.191-192)
Y el tiempo, bueno, el tiempo simplemente
se vuelve inútil en cuanto la instantaneidad de la comunicación ha
miniaturizado nuestros intercambios a una sucesión de instantes. Y no sólo eso,
el espacio social, el espacio de lo político, el espacio público y el privado,
“tienden a desaparecer progresivamente como escenas (…); se reducen más y más a
un gran cuerpo blando con muchas cabezas (p. 192)”
Nuestras
vidas se distancian irremisiblemente del simbolismo paradójico de las
religiones; el yo moderno está tan profundamente enfrascado en su lucha por
imponerse que no puede comprender las paradojas de un adoctrinamiento profundo.
La escisión crece día a día, ya que en nuestro tiempo se oponen a nuestra
fuerza de voluntad fuerzas cada vez más heterogéneas y contradictorias y la
dispersan en mil direcciones[6].
¿Y cómo afecta esa disolución de los yoes,
los espacios, cuerpos, tiempo, a la sociedad civil que es el propósito de estas
cuartillas? Dejo que lo explique el
señor Sloterdijk:
Los media proporcionan una
aclimatación nueva y artificial de las conciencias en el espacio social. Quien
está inmerso en su corriente [que somos todos] experimenta cómo su imagen del
mundo se hace cada vez más imagen del mundo mediatizada, comprada, de segunda
mano. Las noticias inundan la conciencia teleficada con material mundial en
partículas informativas; al mismo tiempo, disuelven el mundo en una serie de
mensajes fluorescentes de noticias que tiemblan en la pantalla de la conciencia
del yo. Efectivamente, los medios tienen la capacidad de organizar la realidad
en cuanto realidad en nuestras cabezas, ontológicamente.[7]
Y todo comienza tan inofensivamente. Por
ejemplo, un niño mira una caricatura donde un gato persigue a un ratón
inteligente, o un hombre mira en el periódico el resultado de ayer del partido
de su equipo favorito. Aparentemente no hay ahí nada fuera de lo común, pero
esta (no sé si pueda llamársele así) realidad se caracteriza por moverse como
albureando, “en el universo del saber de la época moderna predominan los
decorados, los dobles suelos, los panoramas, las imágenes confusas, los gestos
distorsionados(…) todos ellos fenómenos que dificultan el acceso a la “realidad
misma” precisamente porque ésta se compone en una complejidad cada vez mayor,
de acciones y signos ambiguos, hechos y calculados (Ibid., p.484)” Signos
ambiguos calculados que contienen un significante pero no necesariamente un
significado. Es más, de hecho muchas veces carecen de él. “Ésta es una
verdadera experiencia traumática al yo. Nalgas. Compras. Pantaletas y
refrescos. Gestos. Senos. Dobles y triples sentidos. Sonrisas(…) Rastrillos
azules de tres hojas para caballero. Un falo en forma de paleta. Lucha de
clases de la cerveza. Adelgace. Rastrillos rosados de dos hojas para dama.
Skipping como búsqueda existencial (…) La sexualidad nunca ha podido empeorarse
tanto desde que somos receptores cautivos de signos que transmiten información
empobrecida.”[8]
Habitamos ciudades que no
son otra cosa que medios de comunicación construidos, recubiertas de redes de señales
y de tráfico que dirigen las riadas humanas. La metrópoli se asemeja a una
gigantesca caldera que bombea el plasma subjetivo a través de un sistema de
redes, de tuberías y señales [recuérdese la descripción anterior de Rathenau
sobre las ciudades]. Y también los yoes funcionan como calderas, filtros y
canales de las corrientes de noticias que llegan de las más diversas ondas de
frecuencia a nuestros sensores. Así, el yo y el mundo alcanzan un doble estado
de licuación, aquel balanceo ontológico que se sedimenta en las mil y una
teorías de la “crisis” moderna (Sloterdijk, op.,
cit., p.715).
Y se habla de “crisis” dado
que, “a través de cada cosa individual, el hombre sólo ve el tono fundamental,
el gris, la preocupación, el absurdo (idem.)”.
Pero en cualquier caso estamos, dice Baudrillard, midiendo mal las
consecuencias, pues queremos aplicar nuestros viejos criterios y los reflejos
de una sensibilidad <>, lo cual sin duda nos lleva a
comprender mal lo que, en esta esfera sensorial puede ser la producción de algo
nuevo, extático y obsceno. Si la realidad es fatalista, hay que ser más
fatalistas que ella. Si todo el complejo licuadora que produce la mediatización
de sociedades con ideologías religiosas es obsceno, entonces hay que ser más obsceno
que él. La adaptación es el mandamiento psicopolítico de la época. Únicamente
el descaro más grande encierra palabras para la realidad. Cito en extenso a
Baudrillard para culminar:
En cualquier caso, tendremos
que padecer este muevo estado de cosas, (…) esta inyección obligada de toda
exterioridad que significa literalmente el imperativo categórico de la
comunicación. Si la histeria era la patología de la escenificación exacerbada
del sujeto, una patología de la expresión, de la conversión teatral y
operística del cuerpo; y si la paranoia era la patología de la organización, de
la estructuración de un mundo rígido y celoso, entonces, con la comunicación y
la información, con la promiscuidad inmanente de todas esas redes, con sus
conexiones continuas, ahora nos encontramos en una nueva forma de
esquizofrenia. No más histeria, no más
paranoia proyectiva propiamente hablando, sino este estado de terror propio del
esquizofrénico: demasiada proximidad a todo, la sucia promiscuidad de todo
cuanto toca, sitia y penetra sin resistencia, sin ningún halo de protección
privada, ni siquiera su propio cuerpo para protegerle. (Baudrillard, Op., Cit., Éxtasis… pp.196-197)
Ya no es un hombre completo el que enfrenta
a un mundo entero, sino un algo-humano que se mueve en un líquido nutricio,
como dice Robert Musil en El hombre sin atributos.
Vuelvo a Baudrillard:
Así,
el esquizofrénico queda privado de toda escena, abierto a todo a pesar de sí
mismo, viviendo en la mayor confusión. Él mismo es obsceno, la obscena presa de
la obscenidad del mundo. Lo que le caracteriza no es tanto la pérdida de lo
real, los años luz de separación de lo real, el pathos de distancia y
separación radical, como suele decirse, sino, muy al contrario, la proximidad
absoluta, la instantaneidad total de las cosas, la sensación de que no hay
defensa ni posible retirada. Es el fin de la interioridad y la intimidad, la
excesiva exposición y transparencia del mundo lo que le atraviesa sin
obstáculo. Ya no puede producir los límites de su propio ser, ya no puede
escenificarse ni producirse como espejo. Ahora es sólo una pura pantalla, un
centro de distribución para todas las redes de influencia. (Idem.)
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BIBLIOGRAFÍA BÁSICA
Baudrillard,
Jean, Crítica de la economía política del
signo, Siglo XXI, Buenos Aires, 2002.
__ en Posmodernidad, Éxtasis de la comunicación, Kairós, Hal Foster compilador,
Barcelona 2002
Gruel,
Víctor, Notas sobre la televisión, en
Popular N°5, Guadalajara, primavera 2005
Sloterdijk, Peter, Crítica de la razón cínica, Siruela, Madrid, 1984 p.
__ El Árbol Mágico, Seix
Barral, España, 1999, pp 218-219
[1] Marx estableció y denunció la obscenidad de la mercancía, y esta
obscenidad estaba vinculada a su equivalencia, al abyecto principio de libre
circulación, más allá del valor de uso del objeto. La obscenidad de la
mercancía procede del hecho de que es abstracta, formal y ligera en oposición
al peso, opacidad y sustancia del objeto. La mercancía es legible: en oposición
al objeto, que nunca entrega del todo su secreto, la mercancía siempre
manifiesta su esencia visible, que es su precio. Es el lugar formal de la
transcripción de todos los posibles objetos; a través de ella, los objetos se comunican.
De aquí que la mercancía sea el primer gran medio del mundo moderno. Pero el
mensaje que los objetos transmiten por su mediación ya está simplificado en
extremo y es siempre el mismo: su valor de intercambio. Así, en el donde el
mensaje ya no existe; es el medio el que se impone en su pura circulación.
Médium is message (MacLuhan)
[2] Rathenau,
Walter, Sobre la crítica de la época,
1912. Citado en Sloterdijk, Peter, Crítica
de la razón cínica, Siruela, Madrid, 1984 p. 625. Las traducciones de
Rathenau al español han sido difíciles de encontrar a excepción de los
extractos citados en Crítica de la razón cínica.
[3] Baudrillard,
Jean, Crítica de la economía política del
signo, Siglo XXI, Buenos Aires, 2002, p.194
[4] Ibid., p. 202
[5] Baudrillar,
Jean, Posmodernidad, Éxtasis de la comunicación, Kairós, Hal
Foster compilador, Barcelona 2002, p. 188.
[6] Sloterdijk,
Peter, El Árbol Mágico, Seix Barral,
España, 1999, pp 218-219
[7] Sloterdijk,
Peter, Crítica de la razón cínica,
Siruela, Madrid, 1984, p. 715.
[8] Gruel,
Víctor, Notas sobre la televisión, en
Popular N°5, Guadalajara, primavera 2005.
ensayo × germán lópez mora × historia × letras × pensamiento
Prometeo de la Juventud
Por Germán López Mora.
Toda cultura o sociedad se ha dado siempre a la tarea de crear
arquetipos de la imaginación para más o menos presentar modelos a seguir para
sus integrantes. Algunas veces estos modelos o ejemplares, resultan ser falsos
ejemplares, como por ejemplo, y voy a dar un ejemplo muy burdo, los niños
héroes. En fin, con los héroes de la patria está todo bien, hay que seguirlos
pues, aparentemente, no causan ningún daño. Pero, qué pasa cuando los nombres
como Charlie Parker, Jack Kerouac, o Parménides García Saldaña comienzan a ser
modelos y pasan a ser considerados los verdaderos
ejemplares. Si todos siguiéramos sus ejemplos, sin escalas, estaríamos ya todos
muertos: sería como agarrarse a un pararrayos en medio de una tormenta
eléctrica y esperar que no pase nada, por plagiar las palabras de Cortázar.
Este trabajo pretende dar una idea del Prometeo de la juventud antes, durante y
después del octubre rojo. Todo empezó, de forma tranquila, de buena Onda.
Y bueno, a todo esto, ¿Qué es
eso de la Onda o con qué se come?,
¿ese nombre qué, quién es, ora sí que cuál es la onda?, se preguntará el lector
incauto. Pues bien, y me dirijo al lector no especializado (pudiera aludir a mí
mismo), se le considera un movimiento literario contracultural mexicano de la
segunda mitad del siglo XX. Se le etiquetó de esa forma, según José Agustín,
junto con “el simplismo drogas-sexo-rocanrol,
que de entrada descalificaba prejuiciadamente obras que abarcan muchos otros
ámbitos[1]”.
Según el academicismo de su época, eso que llamaron La Onda, “era una vulgarización o plebeyización de la cultura;
intrascendencia, frivolidad, mero mimetismo, taquigrafía del habla oral u
objeto de consumo comercial, sin valor artístico, o mercadotecnia vil[2]”.
“Ser joven en México durante los años sesenta era todo un complejo
cultural que nunca antes se había dado y que tuvo hondas repercusiones
sociopolíticas”. Jamás en la historia de la literatura mexicana se había dado
el fenómeno del tema de los jóvenes escrito por la juventud misma. De hecho
este tema no es común en ninguna parte del globo, sólo pequeñas excepciones en
distintos lugares y épocas aisladas han relatado sus días adolescentes siendo
jóvenes.
El contexto histórico-social
nos habla de una clase media emergente en los centros urbanos del país,
principalmente en la centralista ciudad de México, en la que el progreso
económico y la modernidad era el discurso del Estado, encabezado en ese
entonces por Miguel Alemán. Me recuerda este período el filme noventero de La Ley de Herodes, en la que un político
sin experiencia es enviado a uno de esos pueblos olvidados y sin importancia a
llevar, por órdenes directas del presidente, la modernidad y el progreso
económico. Pues bien, la sociedad urbana de los años cincuenta imitaba más que
nada los modelos que presentaba el cine y la radio (cosa que hoy en día se da
en cantidades industriales): el fenómeno Elvis Presley, la norteamericanización
de la vida mexicana; películas como El
Salvaje o Rebelde sin causa, con
Marlon Brando y James Dean, que moldearon estereotipos alrededor de todo el
mundo; la irrumpiente televisión o el principio de la mediatización y el apogeo
de la prensa comercial en el país, son algunos de los factores que más
influencia tuvieron en las masas, principalmente en las clases medias y altas
de los centros urbanos. Cito a García
Saldaña sobre esto:
Y los que nacieron en la ciudad fueron regidos por
ella. Su educación la orientaron la radio, el cine, la televisión. Estos
chilangos de la Nueva Ciudad de México nacieron desarraigados, sus pensamientos
fueron al otro lado, al fin del Sueño. Vanamente se les trató de inculcar
“creencias mexicanas”: amor a la Virgen de Guadalupe, a Dios Nuestro Señor, a
la Patria Mexicana, a los Héroes Mexicanos, a la Enseña Patria.[3]
Diferentes organizaciones como
la Liga de la Decencia intentaron frenar cualquier trasgresión moral, que
atentara contra los valores familiares o contra la patria, tanto en la
televisión como en cualquier otro medio en el que pudieran ejercer su
influencia. “La ideología del sistema educativo mexicano de los años sesenta se
caracterizaba por una tradición paternalista autoritaria que radica en el
caudillismo y el modelo de hacienda, en las relaciones sociales practicadas durante
siglos entre el líder y el seguidor, entre el amo y el siervo, valores como la
obediencia, el sometimiento a la autoridad del padre, jefe indiscutible de la
familia, y la disciplina casi militar en cualquier actividad que se llevara a
cabo.[4]”
Si la represión de la juventud
siempre se ha dado a lo largo de la historia de la humanidad, los sesenta en
México era un complejo cultural que nunca antes se había dado, como ya se
mencionó, y que tuvo hondas repercusiones no sólo en la literatura. Esta literatura
juvenil anunció, preparó y dio forma al movimiento estudiantil de 1968, según
Agustín, parteaguas en la historia del país. Unos utilizaron medios líricos de
narrar su entorno; utilizaron hablas coloquiales y se hablaba de lo inmediato y
concreto: lugares, hechos, gentes, costumbres, modas o personalidades
específicas. Algunos otros incorporaban elementos de la televisión, la radio,
el cine, el rock, sueños, drogas, fantasías, todo esto para hacer más ricas sus
obras. “Entre 1964 y 1973 se escribió sobre la búsqueda de identidad, el
descubrimiento del amor y del cuerpo, la brecha generacional y el conflicto
individualidad-sociedad o política-religión[5]”;
drogas, comunas, guerrillas, el Che
Guevara y la revolución cubana, la desmitificación de todos los impuestos
morales arcaicos y enajenadores.
Gran cantidad de estas
expresiones se hicieron de forma lúdica. Se escribía no tanto para publicar
sino por el placer de hacerlo, con experimentación formal, juegos con las
palabras, fusionando géneros, sátira, ironía y crítica social. “Se buscaba la
palabra justa y la universalidad del contenido. La intención era literaria.[6]” Una
narrativa nueva, pero tan válida como cualquier otra, que levantó una
resistencia colosal por parte del establishment
cultural, que no esperaba nada de ella y que por tanto la consideró fenómeno de
corta duración.
Sus influencias más próximas
se encontraban en la generación de poetas —tan
manidos— Beat, movimiento literario angloamericano iniciado en San
Francisco en 1956 con la lectura de poesía en un bar llamado The Six. Jack
Kerouac y Allen Ginsberg, años antes estudiantes de literatura en la
universidad de Columbia en Nueva York, conocen a William Burroughs en la misma
universidad, hombre eminente de letras con profundos conocimientos sobre
antropología, psicología, medicina, et
cætera, quien vino a convertirse en
una especie de gurú del grupo. Todo esto en Nueva York, mientras que en San
Francisco se gestaba el ambiente perfecto para que estallara un movimiento
literario que revolucionara la poesía norteamericana. Kerouac y Ginsberg
deciden mudarse a San Francisco en donde participan en distintas actividades
literarias junto con el montonal de poetas, hippies
y demás jóvenes inconformes con la forma en que se vivía bajo el perpetuo temor
a la bomba y otras atrocidades. Volviendo a la lectura en The Six, Allen
Ginsberg se llevó la noche de ese 7 de octubre con su poema Howl que, además de su inmediata
publicación con la editorial City Lights, provocó cargos por obscenidad en los tribunales
locales. Influencia notable —Howl— en
Pasto verde de García Saldaña, así
como la poética de Kerouac, que bogaba por una literatura espontánea, libre de
correcciones fuera de tiempo, similar al orgasmo, tan usada por los jazzistas
del Bop o los surrealistas con su écriture automatique o su escritura en
trance.
Los principales personajes a
los que se encasilla en ese término de La
Onda, son Gustavo Sainz y su novela Gazapo,
José Agustín con La Tumba (la
tumbadora de Pepcoke gin, como dice Epicuro en Pasto verde), y Parménides García Saldaña con su Rey Criollo —que es él mismo— y la ya
citada Pasto verde. En esta última se
centra este texto. Sus dos obras de mayor importancia, ya citadas, fueron
publicadas por editorial Diógenes, en 1968 y 1970. El Rey Criollo es un conjunto de relatos sobre la mediocre clase
media del Distrito Federal, más específicamente sobre “la colonia más mediana
de las colonias medianas del DeFe”, la Narvarte. Estos relatos se mueven casi
todos, precedidos cada uno de un epígrafe de alguna letra de los Rolling
Stones, sobre el tema de la primera experiencia amorosa, el primer contacto con
el sexo opuesto. O por ejemplo, el que da nombre al libro, el último relato,
basado en sucesos reales, trata sobre el estreno de King Creole, una película acerca de Elvis, en algún cine de la
ciudad: los chavos banda están ahí esperando para ver a El Rey, los hombres
sentados en la parte alta de la sala, las mujeres en la parte baja, ellos
haciendo desmadre, ellas calladitas; todo al ritmo de la jerga juvenil del
momento.
Pasto verde[7]
es una novela compuesta por narraciones oníricas o bajo los efectos del
alcohol, ácido lisérgico y tantas otras drogas, que rompe con muchos de los
presupuestos con los que debe cumplir una novela en cualquier época. El uso de
signos de puntuación es casi nulo y la sintaxis es rota constantemente, sin que
esto haga que se pierdan los significados fundamentales de las oraciones. El
narrador se encuentra tanto dentro como fuera de la unidad narrativa (diégesis)
sin seguir un orden coherente. La mayor parte de la novela se centra en el
personaje principal, Epicuro Aristipo Quevedo Galdós del Valle Inclán, que, en
realidad es un “beat más anarco”,
según palabras de José Agustín. Epicuro se satisface a sí mismo primero que a
nadie, siguiendo los preceptos beatíficos de Kerouac (satisfy yourself first
[satisfácete primero a ti mismo]), busca el sexo a la menor oportunidad y
condena a las chavas de ser unas
fresas, unas squares (cuadradas) con
valores decimonónicos, por no querer acostarse con él sin poner peros. Hay
personajes secundarios que aparecen de forma un tanto difusa a lo largo de la
novela; uno de ellos, Pepcoke Gin, aparece en dos o tres ocasiones. Una de
ellas es la que tomo para realizar lo siguiente:
Epicuro está en “su casa rodante cuando empieza a entrar en trance”
(como se ve hay hasta una especie de rima asonante (rodante, trance),
estructura rítmica muy repetida a lo largo del texto) cuando alguien “knock
knock” (no sólo anglicismo sino hasta onomatopéyico) la puerta. Abre y es
Pepcoke Gin, quien dice ser Bellow, el autor de la novela Herzog. Entra éste a la “casa rodante (esto en cuanto al espacio)”
cuando Epicuro ya se había disfrazado con su traje Quevedo, el adecuado para
recibir al maese Pepcoke Gin. Se saludan, intercambian algunas palabrillas a la
onda, se alburean, “listenean” a los Rolling Stones mientras beben un vinillo
Marqués de Sade. Ahí va, mientras que Pepcoke Gin pone Paint it Black, el
enunciado del que se sirve García Saldaña para cambiar de espacio:
en mi departamento de ideas comúnmente por el vulgo
llamado u nombrado excusado water club o close o lo que sea mientras que
preparo un mágico conecto mi muñeca La Gitana y mientras que en el canal coloco
el tabaco especial con el que hago mis cigarros releo mis letreros preferidos…[8]
(Nótese la carencia de
mayúscula inicial, pues inicia párrafo, y los signos de puntuación
inexistentes; además, en la construcción “en el canal coloco el tabaco
especial”, la rima y ritmo que presenta.)
Después de leer los letreros
obscenos que más le gustan como “yo soy puto” y otros peores, el autor toma de
nuevo el ritmo y continúa:
y ya que mi tabaco especial está canalizado desconecto
a La Gitana y del baño acompañado de ella salgo volviendo al lugar donde antes
de venir a mi departamento de arte y confección estaba y veo que Pepcoke Gin
está salta y salta como loquito de lado fumando como chacuaco bailando al
compás de Paint it Black![9]
Es claro notar el juego con la
sintaxis desde la primera oración. Y continúa, están ambos bailando y fumando y
comienzan a hablar sobre los Rolling Stones y después sobre todos los que están
en onda, el diálogo va más o menos así:
—Son los amos
—Gracias maestro, gracias, ya sabía que Yo era el amo…
—Los Rolling Stones
—Todos, ¿no? Toda la gente de la onda. Todos los que
están en la onda, Meter Seeger está bien, Bob Dylan está bien, los Beatles
están bien, los Rolling Stones somos los amos, digo, son de la misma onda que
todos. Todos hablamos de lo mismo que tú en De Lado [obvia alusión a De Perfil de José Agustín] De lo que habla aquí tu padre, El Maese
Quevedo. De lo que hablan los negros en el rhythm blues, los blancos en el
rock. Todos los de la onda maese, así es de que…¿qué? ¿Qué?
—Todo era cotorreo, sabiendo quienes son los Beatles
hay que hablar de los Rolling Stones, dentro de la onda ningún tren está
descarrilado…[10]
Ahora Epicuro está bailando
Beny Moré y dice que anda “un poco como el caballero de la triste figura”. No tiene
mucha coherencia pero en fin, después de hacer un acento caribeño (vamo ai
mulatica ahí, guapacheando) y de elogiar lo “padre que es Lady Jane” Epicuro
dice: “—if you want,
please, i’ll show you the masters of my birds n’ bees n’ flowers n’ the trees[11]”. Y
dice llevar a Pepcoke Gin a su “cámara secreta” donde tiene prendidas veladoras
a los que le enseñaron el camino de los grandes iniciados. Ahí en su cámara secreta hay una especie de
altar o pirámide con los nombres de Quevedo (en orden descendiente hasta la
base) Marx, Engels, Lenin, Frazer, Shouré, Liszt, Beethoven, Schoenberg
Messiaen, Epicuro, Aristipo, Platón, Séneca, Moro, Che Guevara, Dylan, los
nombres de los integrantes de los Rolling Stones, etcétera, para terminar en
The Beat Generation y Allen Ginsberg. A continuación se siguen albureando con
nombres como “el chango mechas de indio” o “el pepelón de las ovaciones”. El
diálogo termina en un “No sé, se me acaba de ir la onda…” y en seguida comienza
una especie de trance extático en el que entra el narrador, lo transcribo:
Y estoy oyendo Lady Jane de los Rolling Stones y a la letra en mi
frialdad no entiendo pero me pongo a juguetear un poco con la inspiración que
me da la canción Lady Jane Aftermath Let’s spend the night together hold on i’m
comin! hold on i’m comin! Hold On I’m Comin! I’m out of my head n’ my mouth is gettin dry babe n’i
wanna ball you babe let’s ball babe Let’s ball Babe! Come on babe Come on come on COME ON! Help! Let’s spend the night together not fade away not fade away
babe ando hasta el gorro gorrión camión traición canción canción atracción
atracción amoración amoración ando hasta la amoración babe yo ando hasta
amoración ando en la onda ando en la uva ando en el guayabo ando en el mamey
ando en el zapote ando en la manzana que es cuadrada la manzana de la gente
cuadrada la gente cuadrada de asociaciones sociedades clubes consecuencia Lady Jane Mr. Tambourine Man Yeah babe too
much monkey bussiness around n’ around i need your love tonight get off of my
cloud lady jane just like a thumb tom blues queen jane approximatedly
loveminuszeronolimit everybody must get stoned! Everybody must get stoned! well
i would not feel so all alone everybody must get stoned! alucinación
alucinación visión visión introspección retrospección tepasadación pasadación
pasadoción pasadoacción.[12]
Indudablemente es una locura.
Mete letra de canciones como “everybody must get stoned” (Rainy day women) de Bob Dylan o Lady
Jane de los Rolling Stones; inventa palabras, maneja dos lenguas, utiliza
expresiones coloquiales como el “too much monkey bussiness”. Indudablente una
locura que para algunos puede resultar hasta aburrida, ¿qué me importan a mí
las elucubraciones de un roquero drogado?, podría decir cualquiera. El “hold on
i´m coming babe” tan repetitivo en este párrafo, al conjugarse con mayúsculas
al principio de cada palabra o, ya al final, todo el I’M COMIN, da la impresión
de un orgasmo (volviendo a los beatíficos), como se había referido
anteriormente, el cual sube de intensidad a partir de la tipografía
alternada.
Otro plano importante de la
novela es que la ciudad es el lugar donde se narran casi todos los hechos, el
país de la transa en el que “hasta las palabras nos transean[13]”. En
contadas ocasiones, por ejemplo, en una de sus salidas imaginarias al campo,
narra la demagogia con la que dos personajes, Bigboss, representante del
Estado, y Fatdrunkard, representante de la iglesia, imparten Teoría de la
Resignación a los indios del pueblo en el que mandan. La ciudad como un axioma general, olvidándose
del realismo mágico bucólico de etapas anteriores en la literatura mexicana. Y
esta urbanidad sucia y desgarrantemente rápida que no nos deja discurrir con
cautela pues, como refiere Nachón, “hemos de tener plomo hasta en el hipotálamo[14]”, es
el plano en donde se mueven y se encuentran —entre otros puntos (como el
rechazo a las instituciones, a la unidad familiar o a los héroes nacionales)—
casi todas las historias de la literatura más reciente de nuestro entorno o,
por lo menos, de las que se trata en este texto.
Parménides García Saldaña murió
a los 38 años de edad el 19 de septiembre de 1982 en la soledad de su cuarto de
la Anatole France 90, Colonia Polanco, en la ciudad de México. El informe del
Servicio Médico Forense indica que falleció de neumonía basal derecha no
traumática en un sujeto de esteatosis hepática. Algunas otras fuentes lo
describen de la siguiente forma: “una neumonía mal cuidada”, aunque conociendo
los regímenes psicotrópicos a los que se sometía el radical de la así-llamada Onda,
es muy dudoso hasta el informe del SEMEFO.
Todo el sueño, lo sabemos
bien, terminó el dos de octubre del ‘68 en Tlatelolco.
La resaca de los años sesenta y setenta comienza a manifestarse con
nuevas inquietudes dentro los pobladores de los centros urbanos en los años
posteriores. De entre la literatura que considero como la resaca de esa
explosión prometeica de las juventudes de aquellos años hoy tan nostálgicos, de
entre los “punks que quisieron ser malos y terminaron siendo buenos[15]”, de
entre el resentimiento, el desencanto y el cinismo de los años posteriores a la
represión estudiantil; desde Tlatelolco en sesenta y ocho, los halcones en
setenta y uno, hasta Echeverría, Nazar Haro y otros temores, surge, con
diferentes influencias, un pequeño grupo de intelectuales que forman las
revistas La Pus Moderna y La Regla Rota en los ochenta. Pero ésa
ya es otra historia.
El texto, propiamente dicho
Estoy en mi casa rodante[16]
cuando estoy empezando a entrar en trance alguien knock knock[17] la
puerta ¿quién será? ¿será melón, será sandía[18]?
¿Quién a estas horas vendrá a interrumpir mi guapachosa[19]
frialdad tropical? ¿Quién? antes de abrir obviamente pregunto ¿quién? soy
pepcoke gin[20]
no es cierto soy bellow el autor de la novela la vida heroica de herzog silba[21]
—Oh, oh, un momento si me hace
usted favor...
antes de abrir me quito
mi túnica de sacerdote olmeca y mi penacho y mi traje de rolling stone y me
meto dentro de mi traje Quevedo y luego me calzo en las narices mis antiparras
Quevedo Ya vestido adecuadamente para recibir al Maese Pepcoke Gin abro la
puerta
—Quiubo maese qué…
—Pues nada aquí el punto
parroteando[24]
y tú…
—Títeres titeres[25]… U
sea Iguanas Ranas[26]
escribiendo un texto pornográfico sobre las marranas y las ranas…
Me quita mis lentes Quevedo y
los estudia con una de esas cosas que usan los joyeros pa ver los diamantes
esas cositas que parecen micros y se ponen contra un ojo ¿Me entendieron?
Perfecto o si no vayan con un joyero y que se los muestre ¿ya vieron Help!?
— ¿Listeneamos[27] a
los rolling stones?
—Sip
— ¿Un jerez o una manzanilla o
si preferís[28]
té de ladilla?
—Vinillo
—Sip, pero tómalo con
cuidadito si no te puede dar catarro francés[29]
—Ya lo sep[30]
—Which brand?[31]
—Marqués de Sade
—Padre
—Hecho[32]
—Al techo
—Blanco
—Para tu furris son opacos
— ¿No te gustan los tacos? El
vicio maese el vicio
—Agárrate bien no te vayas a
caer
—De rodillas
—Me besas las ladillas
— ¿Quién te manda a ser eso?
— ¿Mande?
—Siempre te toca la de ver
galletas
—Y a ti la de ver ganado
—Sip
—Sip
—Nop
—Nip
—Tip
—Tip
—Ya no te la jales y pon el
disco negro
—Mándame…
—Que te agaches y cojas ese
disco y lo pongas…
—Sip —le digo— ten, ponlo
toledano[33], yo
voy a mi departamento de ideas a confeccionarme un Mágico…
El maese Gin
pone Paint it Black[34]
en mi departamento de ideas comúnmente por el vulgo
llamado u nombrado excusado water club o close o lo que sea mientras que
preparo un Mágico conecto mi muñeca La Gitana y mientras que en el canal coloco
el tabaco especial con que hago mis cigarros releo mis letreros preferidos Fuck
you Kiss my ass chinga tu puta madre I fucked suani I fucked saint annie yo soy
puto suck my dick mi padre es lesbiano y todas las noches le pico el ano y mi
madre es homosexual un bigote natural yo soy un cabrón hijo de puta bastard
shit suck my meter guadalupe me mamó la verga I fucked your mother I fucked
your father maría es putísima I´m a mother-fucker
y ya que mi tabaco está
canalizado desconecto a La Gitana y del baño acompañado de ella salgo volviendo
al lugar donde antes de venir a mi departamento de arte y confección estaba y
veo que Pepcoke Gin está salta y salta como loquito de lado fumando como
chacuaco[35]
bailando al compás de Paint it Black!
Luego canta con Jagger Stupid
Girl. Viene Lady Jane y le digo
—Perdóname maese pero con esta
canción le rindo culto a mi amiga La Gitana…
Y empiezo el rito prendo mi
mágico y enciendo un comal que a los pies de La Gitana he colocado
—Aftermath,
maese, aftermath[36]
—Sip
— ¿Qué?
—Sip
—Que se me hace que ya está usted horneado, maese
—Sip
—¿Qué?
—Son los amos
—Gracias maestro, gracias, ya
sabía que Yo era el amo…
—Los Rolling Stones…
—Todos ¿no? Toda la gente de
la onda. Todos los que están en la onda, Peter Seeger[37] está
bien, Bob Dylan[38]
está bien, los Beatles están bien, los Rolling Stones somos los amos, digo, son
de la misma onda que todos. Todos hablando de lo mismo que tu cotorreas en De
Lado[39] De
lo que habla aquí tu padre, El Maese Quevedo. De lo que hablan los negros en el
rhythm blues, los blancos en el rock. Todos los de la onda maese, así es de
que…¿qué? ¿Qué?
—Todo era cotorreo, sabiendo
quiénes son los Beatles hay que hablar de los Rolling Stones, dentro de la onda
ningún tren está descarrilado…
—Calmado, calmado…
— ¿Qué?
—Era obvio lo que estaban
diciendo…
—Calmado…
— ¿Calmado?
—Es que en verdad os digo que
ando un poco como el caballero de la triste figura estoy viendo visiones La
Gitana está bailando algo de Beny Moré[40] nada
más cómo se mueve qué sabor y que compá vamo ai mulatica poniéndole sabor al
caldo, guapacheando con ritmo ahí ahí…
—Qué padre es Lady Jane[41]…
— ¿Qué?
—Qué padre es Lady Jane…
—Sí, sí, claro ¡Qué ondón!
¡Esta Gitana nunca me traiciona! Siempre me dice calmado, take it easy,
calmado, con calma, slow, coolmeado[42],
nada de ofuscaciones, nada de dejar entrar malas vibraciones, no te desesperes
es padre ¿no?
—Lady Jane es lo máximo
— ¿Qué dijiste?
—Sip
—Os pido perdón pues a ratos
no escucho porque se me va la onda
— ¿Qué?
— ¿De qué?
—Es padrísima, qué ondóon…
—Claro, maese, claro…
life is secure
with lady
jane…[43]
y cuando acaba pongo un disco de Celia Cru’ El Yerbero Moderno y al
Maese Herzog le digo
—if you
want, please, I’ll show you the masters of my birds n’ bees n’ flowers n’ the
trees[44]
y lo llevo a mi cámara secreta donde tengo prendidas
veladoras a los que me enseñaron el camino de los grandes iniciados
Quevedo
Marx
Engels
Lenin
Frazer
Schouré
Liszt Beethoven Schoenberg Messiaen
Epicuro Aristipo Platón Séneca Moro Che Guevara
Marianne Faithful
Bob Dylan Mick
Jagger Keith Richards Brian Jones Charlie Watts
Billy Wyman Phil
Spector Joe Tex Otis Redding James Brown
Carmichael
Little Richard Chuck Berry
The Beat
Generation
Ginsberg
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Sanmartín Sáez, Julia, Diccionario de argot, ed. Espasa, Madrid, 1999.
Notas:
[1] Agustín,
José, La onda que nunca existió, en Revista de crítica literaria latinoamericana,
año XXX, N° 59. Lima-Hanover, 1er. Semestre 2004, pp. 9-17
[3] García
Saldaña, El camino de la onda, 1974,
citado en Gunia, Inke, ¿Cuál es la onda?
(la literatura de la contracultura juvenil en el México de los años sesenta y
setenta), Biblioteca Iberoamericana, Madrid, 1994, p. 113.
[4] Gunia,
Inke ¿Cuál es la onda? (la literatura de
la contracultura juvenil en el México de los años sesenta y setenta),
Biblioteca Iberoamericana, Madrid, 1994
[5] Agustín, José, op cit, p. 11
[6] Ibid. p. 13
[7] Se utiliza para este
trabajo la 4ª edición de editorial Diógenes, Guadalajara, 1990, pp. 48-51.
[17] No
sólo el anglicismo sino hasta onomatopéyico. En inglés: golpear dos cosas para
producir un sonido tajante. Probablemente del igual onomatopéyico Knacken del germano medio alto “romper
cuarteando” (to break by cracking).
[20] José Agustín, según
algunas fuentes
[22] No es
tan fiable la versión del oc que
significaba sí, según algunas fuentes; más probablemente viene de los afiches
del club O.K., el club del partido democrático: Old Kinderhook, el apodo de
Martin Von Buren (presidente de los E.E.U.U., 1837-41) quien nació en
Kinderhook, en el estado de Nueva York.
[24] Especie de mezcla
entre el nombre inglés parrot
(cotorro, papagayo) y el gerundio español –ando.
Parrot, del francés antiguo pierrot
que tiene una variante en el inglés medieval Perrot, el mismo con variante parrot
adoptado por el inglés medieval del nombre del ave, parrot. Posiblemente del francés medio parrot (variante de perrot,
a parrot) viene del francés medio parroquet (francés perroquet) O del italiano paroquet,
parrochetto, un matiz juguetón de parroco,
un cura, del latín tardío parochus
[27] Igual
que en Parrotear, listenear es un compuesto de la forma
verbal castellana y la inglesa listen. Su
forma arcaica, list (escuchar), viene
del inglés medio variante de lusten,
del antiguo inglés hlystan. To listen, proviene del inglés medio listnen, variante de lustnen del antiguo Saxon (antiguo bajo
germánico), hlust (hearing); antiguo alto germánico hlosēn, hlūskēn; medio alto germánico lūschen; germano lauschen; antiguo nórdico hlust
“oído”, hlusta “escuchar”(to
listen)
[32] Desde
aquí hasta el final del diálogo, antes de los sip, sip, nop, nip, tip, tip
fáticos, se desarrolla un albur que, por medio de apócopes al oral, eliminando
espacios entre palabras, hiatos, sinalefas, etcétera, se repite de la misma
manera en distintas ocasiones a lo largo de la novela. Se recomienda leer en
voz alta y sin hacer pausas y pensando el dobles sentidos.
[35] Del
tarasco Chakuákua “ventanilla en el techo de una cocina por donde escapa el
humo. Horno para fundir minerales// chimenea de ese horno.
[36]
Aftermath, compuesto inglés proveniente del antiguo alto germánico; aft + math (mow)// math (mow) significa cortar alguna planta, cosechar; aft es más que nada auto explicativo,
después de.
[41] Canción
de los Rolling Stones; posiblemente uno de tantos nombres con que se llama a la
mariguana (señora juana)
[42] Otra
composición entre un nombre inglés y un verbo castellano, en este caso el
participio de la forma verbalizada. El nombre cool deriva del adjetivo; el verbo, to cool, desciende del antiguo inglés cōlian. Parecido al antiguo alto germánico kuoli, al medio alto germánico kuele,
al germánico kühl, al antiguo nórdico
koela. Todos con el mismo
significado, enfriar.
[44] “Si
usted quiere, por favor, le mostraré los maestros de mis aves y abejas y flores
y los árboles”, literalmente. Esta frase (birds n’ bees) se repite infinidad de veces a lo largo de la
novela.